La élite expone al individuo al mundo, a las opiniones (sensacionalistas, interesadas u objetivas) llegando a un punto, y más en el fútbol en el contexto europeo, en el que hay que estar más preparado para sobrevivir al circo mediático que al deporte en si. Por otro lado, comentábamos que era totalmente necesario gozar de unas características tales como la autoeficacia, concepto creado por Bandura en 1977, que se refiere a la visión que tiene el sujeto de si mismo y que le hace sentirse capacitado a la hora de desempeñar una tarea, un deporte en este caso. La autoxigencia, otra de las características inherentes al deportista que busca superarse, puede llegar a ser un generador de angustia que afecta al equilibrio anímico y mental. Todo ello, sumado a las expectativas de resultados, la autoconfianza y las diferencias individuales cargan un poquito más una mochila de por sí llena a rebosar y muy pesada.
En esta entrada veremos, gracias a la gran labor de Michael Robinson (ex-futbolista irlandés y periodista deportivo) en su programa Informe Robinson, el curioso caso de Robert Enke, portero alemán al que, la élite le pasó factura de la peor manera.
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