El fútbol es el deporte rey por excelencia. En Norteamérica
lucen más el baloncesto, el fútbol americano, incluso el hockey sobre hielo
además del baseball. En Asia se practica mucho el crickett en los países de
antigua ocupación inglesa como India, el golf, ping pong… y África es
continente de corredores, aunque no cabe menor duda de que en todos los
rincones de la tierra se practica de manera multitudinaria el fútbol. Este
deporte es uno de los que más repercusión mediática tiene ya que expone a los
deportistas desde que compites en alevín de algún filial de la Primera División.
Uno de los momentos claves en la carrera de todo futbolista es la transición que lleva a
un chaval de equipo juvenil (alrededor de 16 años) a una élite en la que puedes
acabar siendo portada de periódicos y telediarios y ser ascendido como nuevo
Dios tan pronto como caer al más profundo de los infiernos y llegar a suscitar
hasta el odio de gente que no te conoce.
En el volumen 10 de la Revista
Iberoamericana de Psicología del Deporte del año 2015 publicó un artículo
en el que se estudian los cambios en la transición a la élite del fútbol y las
estrategias que utilizaban los futbolistas.
En este ámbito destaca el modelo de Wyllema y Lavaellee (2004), en el
que se describen cuatro niveles por los que el deportista pasa a lo largo de su
carrera: Así están el nivel deportivo (desde el debut hasta la retirada), el
nivel psicológico (engloba las experiencias vividas durante el ciclo vital), el
nivel psicosocial (incluye a las relaciones sociales que establece el
deportista), y el nivel académico /vocacional (que concentra las experiencias
académicas o laborales que coexisten con la práctica del deporte). A su vez,
Stambulova (2003) desarrolló un modelo de afrontamiento de desarrollo de la
carrera deportiva, que explica que unas demandas durante la transición producen
un conflicto entre lo que el futbolista es y lo que desearía ser, lo que hace
que los futbolistas destinen recursos a poder acercar la realidad a lo
idealizado.
En el estudio participaron 16 futbolistas (8 chicos y 8
chicas) de entre 18 y 28 años (M: 23 DT: 2.2) de los cuales los chicos debían,
como mínimo, haber jugado en equipos importantes de la máxima categoría de
fútbol sub-18, y las chicas debían haber jugado en la Primera División
española. Se les entrevistó individualmente sobre el periodo de su vida en el
que ocurrió el salto a la categoría profesional, los aspectos globales de su
carrera. Tras la entrevista se organizó una discusión guiada en la que los
individuos hablaban sobre los cambios que experimentaron en el salto a la élite
y qué habilidades utilizaron en cada uno de los niveles del modelo de Wyllema y
Lavaellee (2004), para posteriormente preguntarles por las características que
debían tener los futbolistas para alcanzar la élite.
Se realizó un análisis de contenido combinando
aproximaciones deductivas e inductivas (Patton, 2002) con las recomendaciones
de Côté, Salmela, Baria y Russell (1993). Tras analizar los datos se obtuvieron
los siguientes resultados: En el nivel
deportivo destacan los recursos internos de tener cualidades deportivas o
talento y tener hábitos saludables, mientras que en los recursos externos se
apuntaba a la necesidad de que el club ofreciese unas buenas instalaciones
deportivas. En el nivel psicológico
destacaron la autoestima, la compensación por pensamiento positivo, la humildad
y los valores positivos. El buen ajuste en el nivel psicosocial pasaría por tener una buena red social/amigos,
contar con el apoyo de la familia directa y del entorno deportivo. Por último
encontramos el nivel académico/vocacional
que requiere la correcta gestión del tiempo, contar con unos buenos recursos
externos (compañeros) y con facilidades por parte de las universidades.
La transición hacia la élite ha sido reconocida por los deportistas como un momento clave en sus carreras, ya que como muchos afirman "algunos mucho mejores que los que están en la élite se quedaron fuera por no estar preparados mentalmente o por no tener la ilusión necesarias" , por lo que la conclusión que sacamos del estudio desarrollado por las universidades de Barcelona y Extremadura es que a la hora de llegar al estatus profesional en el fútbol es necesaria una configuración adecuada de los distintos niveles propuestos por Wyllema y Lavaellee (2004), ya que aporta unos recursos óptimos para afrontar el drástico cambio que los juveniles experimentan y que en la mayoría de los casos coexistan con los cambios propios que se dan en la transición adolescencia-adultez temprana.
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