La adolescencia es una etapa de cambios constantes y bruscos
en la vida de todo joven. En esta etapa vital comienzan a adquirir valores que
permanecerán en el individuo y que formarán su carácter. La conducta humana
tiene una relación determinante con la conducta motriz a la hora de construir
la personalidad de un individuo, ya que está conformada por las experiencias, observaciones,
y percepciones, siendo el aula de educación física un entorno de socialización perfecto
en el cual introducir contenidos de carácter formativo (Padilla, Dávila,
Torres, Escalante y González, 2008). En este contexto la violencia adquiere un
cariz más preocupante, ya que los jóvenes
desconocen los riesgos y las consecuencias que pueden conllevar los
actos violentos.
La naturaleza del
acto violento puede ser explicada de múltiples formas. Autores como Gómez
(2005) explican que es un acto inmediato y contundente orientado a transformar
una situación. Proviene del temperamento y las conductas violentas
proporcionadas por el entorno, contando al sexo, el apego familiar, el contexto
internacional y las condiciones biológicas y cognitivas como variables
facilitadoras (Dorado y Ballabriga 2001).
En 2015 se publica un artículo llevado a cabo por las universidades
mexicanas de Veracruz y Colima en el que se trata la violencia escolar entre
576 jóvenes(279 hombres y 297 mujeres) con 12.7 años de media (D.T. 1.58) en
las clases de educación física del sector público en el Estado de Veracruz, a
través del Agression Questionnaire, arrojando los siguientes resultados: La agresión verbal ofrecía niveles
medio-bajos, encontrándose el 69.3% en
una intensidad baja y el 30.7 restante en un registro alto. No hay diferencias
significativas en cuanto al sexo, pero cierto es que los estudiantes con edad comprendida de los 15 a los 18 años
mostraban mayores niveles de agresión verbal, aunque es la violencia menos
utilizada por los estudiantes de Veracruz.
La agresión física
ofreció un 37.8% en el nivel alto y un 37% en el nivel medio, siendo los
hombres los que más usan este tipo de violencia y los que tienen una edad de
entre 15 y 16 años. Esta agresión es la que más se encuentra entre los
estudiantes del estado mexicano. La diferencia entre entre jóvenes
latinoamericanos y europeos la explica Ortega (2005) exponiendo que los latinos
agreden físicamente a sus iguales como método de resolución de conflictos.
El factor de la ira
presenta niveles medio-bajos (55.6 y 38.5 respectivamente), sin establecer
diferencias significativas de género y con los jóvenes de 15-16 años
protagonistas de nuevo siendo los que
concentran mayor cantidad de ira, que nace del rechazo y aparece en
ausencia de estrategias para el control de las emociones.
En último lugar encontramos la hostilidad, representada en niveles bajo (27.8%), medio (48.4%) y
alto (23.8%), sin evidencia significativa en cuanto al género y el nivel
educativo y con los jóvenes de 15-16 años con mayores niveles de hostilidad.
Ésta canaliza la ira hacia un objetivo, generando sentimientos de larga
duración y gran intensidad, y previos a la ya mencionada ira (Coccaro, 2003).
Ante estos datos la conclusión de este estudio radica en que
antes de las agesiones han de darse la ira y la hostilidad, emociones que
pueden ser reguladas por la intervención pedagógica de la educación física y el
deporte.
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